Los sofas a menudo son la pieza más importante de las salas de espera, salas de estar o salones; son su centro, el mueble alrededor del cual gira el resto de la decoración.

El color del sofá es muy importante; puedes hacerlo coordinar con el resto de la decoración en general, solamente con ciertos elementos clave, o por otra parte también puede ser el punto de contraste.
En cualquier caso, del color dependerá todo lo demás, así que no hay que caer en eso de elegirlo precipitadamente porque está de oferta… sin tener en cuenta el resto de la decoración.
La textura también es muy importante; en una decoración natural nos iremos a los sofás tapizados en tejidos de algodón o similar, pasando por los tejidos antimanchas y con funda de tela, muy prácticos, hasta los de cuero imprescindibles en los ambientes más sofisticados, sin olvidar los sofás de anticuario para una decoración vintage, con su efecto desgastado y áspero, que cada vez nos gusta más.
Tampoco descartes los sofas de tacto aterciopelado y de colores vivos como el turquesa o fucsia, también están muy de moda y quedan espectaculares si se combinan adecuadamente.
Hay sofas que son iconos absolutos en decoración de interiores, los clásicos del diseño que nunca pasan de moda y quedan bien prácticamente en cualquier ambiente.
El más versionado de todos ellos es el sofá Chester, su único inconveniente suele ser el precio, pero es que queda ¡así de bien!:
Un truco para viviendas con bonitas vistas, es capturar parte de estos exteriores y trasladarlos al interior utilizando algunos de los colores que se ven a través de la ventana, por ejemplo en los cojines, e incluso en el color del sofá.
Un buen ejemplo de esto se da en la bonita casa de Marie Olsson Nylander:
Otra opción interesante es combinar el sofá con el pavimento, la moqueta o la alfombra, en color y/o textura. Los cojines pueden añadir las notas de color y combinar con otros complementos.
En una decoración minimalista, la gama cromática se limitará a dos colores, incluyendo tanto el sofá como los cojines.
Para una sala de estar más acogedora y relajante, mejor evitar los colores fríos y muy fuertes, siendo preferibles los colores cálidos de la gama del beige, camel, y todos los tonos pastel incluido el gris claro.
Si quieres que el sofá sea discreto y prefieres destacar por ejemplo un cuadro, otros muebles o complementos, sólo tienes que pintar la pared en la misma gama cromática del sofa que vaya apoyado en ella.
Si por el contrario quieres que el sofá destaque del resto de la decoración porque te gusta mucho o es una pieza de anticuario muy especial y quieres darle el protagonismo que se merece, sólo tienes que jugar con el contraste.
Si te decantas por un sofá lleno de color, como por ejemplo turquesa, fucsia, amarillo… o tipo patchwork, no dudes que «llenará» por completo el espacio, decorativamente hablando, y el resto de la decoración solo le «acompañará», cediéndole todo el protagonismo.
Imágenes vía Pinterest




